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La buscaron por 15 años y estaba enterrada cerca de su casa

14 Octubre 2017

A mi hija me la hicieron prostituta, no sé quién, pero la voy a buscar toda mi vida. No quería. Tenía 14 años, jugaba con muñecas. Por entonces, nadie en la cadena de investigación unió los datos de una menor buscada y un cuerpo enterrado como NN en el cementerio de Lanús, a 16 cuadras, pocas horas después.

La búsqueda de su hija Mariela Tasat se convirtió en lo que mantuvo viva a Luisa Olivera, según ella misma dijo.

Recién a principios de 2017, la fiscal Viviana Giorgi abrió nuevamente la causa en torno a la desaparición de Mariela, ordenando realizar informes sobre los cuerpos que ingresaron a las morgues de la zona, los días posteriores al extravío de la adolescente.

Luisa salió a la calle: la buscó en prostíbulos donde le decían que podía estar, se metió en las villas donde la amenazaban de muerte si volvía a entrar sin autorización y soportó la partida de su esposo, un policía retirado que murió de tristeza a los 2 años de que Mariela desapareciera. Tuvieron que pasar varios años para que la causa se reabriera a petición de una fiscalía especializada en trata de personas. Después de 15 años, la Justicia reaccionó y pidió informes a los cementerios cercanos a la casa de Luisa y Mariela, en el partido bonaerense de Lanús. Sólo había que tener la decisión. Todo el tiempo que duró la búsqueda estuvo enterrada a un kilómetro y medio de su casa, donde nadie se le había ocurrido buscarla. Ante esto, se procedió a la exhumación del cuerpo, la que ocurrió hace dos días, según indicó Clarín.

La identificación se concretó mediante el análisis dactiloscópico, que permitió determinar que la huella digital del pulgar derecho de Mariela, impresa en su Documento Nacional de Identidad, correspondía de manera "fehaciente, categórica e indubitable" con la impresión digital de su pulgar derecho. Su madre se internó en la casa esperando una llamada telefónica que nunca llegó.

Al no saber en aquél momento de quien se trataba, algunos lugareños la enterraron el 9 de septiembre de 2002 como NN en un cementerio ubicado a pocos minutos de su casa, mientras su familia la buscaba frenéticamente.

Hoy su mamá no puede hablar. Y creen que la noticia, tan dolorosa, permitirá que las heridas empiecen a sanar, por fin.

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